Haciendo cerveza en la oficina

Como ya sabrán ustedes ( y si no ya os lo cuento ) para ganarme el jornal me dedico a hablar con máquinas para doblegarlas a mi voluntad, oficio denominado por la gente común como “programador”, aunque éste término no hace justicia a tan noble labor. A nosotros nos gusta vernos como una mezcla entre Neo, Obi-Wan Kenobi y Gandalf el Gris; magos con poderes dentro de nuestros dominios que van más allá de la comprensión de los mortales, pero supongo que todo eso era muy largo para nombre de la profesión, así que nos quedamos con “programadores” en el mejor de los casos y con “putos frikis de mierda” normalmente ( me pregunto por qué nos llamarán frikis… ).

Es de sobra conocido que para desarrollar nuestras habilidades necesitamos un flujo constante de cafeína, vídeos de gatos, pr0n, y en los momentos de la más acuciante necesidad, alcohol, para alcanzar lo que llamamos el “Pico de Ballmer”, y aquí es donde viene la historia de la fabricación cerveza. Ahora bien ¿Por qué hacer cerveza cuando puedes comprarla ya hecha? Para explicar eso primero hace falta remarcar dos hechos:

  1. En Barcelona los putos hipsters de mierda han puesto de moda las cervezas artesanas se han puesto de moda las cervezas artesanas. Puedes encontrar fácilmente locales donde vendan su propia cerveza, a veces está bien y a veces es mala, pero siempre es cara. Los hipsters son seres miserables que merecen morir, pero no son tontos.
  2. Hace poco entro a trabajar con nosotros un becario yanqui con experiencia en la fermentación de cerveza casera.

Dadas estas circunstancias era obvio que debíamos poner al becario ( a partir de ahora me referiré a él como “El hacedor de cerveza” ) a practicar sus habilidades. Y eso fue lo que hicimos.

El proceso es más bien aburrido, básicamente consiste en esperar a que el azúcar se convierta en alcohol, así que iré directamente a comentar el resultado:

Filtrando el néctar de los dioses.

Filtrando el néctar de los dioses.

A pesar de que nuestras expectativas eran altas, resultó que no era demasiado buena ( 😦 ) . Era bebible, no tenia mal sabor, no tuvimos cagalera al día siguiente ( algo que siempre es de agradecer ), pero sabía como un zumo, demasiado floja. Por supuesto esto no nos desanimó, y cuando acabamos los 5 litros de nuestra cerveza continuamos con otras que habíamos comprado para complementar.

El hacedor de cerveza con un delantal de sevillana embotellando.

El hacedor de cerveza con un delantal de sevillana embotellando.

Teniendo en cuenta el resultado, os aconsejaré que no os dejéis llevar por las modas hipsters, id al super a comprar Mahou Clásica, que nunca decepciona 😛

En cualquier caso, mis agradecimientos al hacedor de cerveza por enseñarnos su magia.

¡Un saludo!

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